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DESCUBRIR.
La obra reciente de Said Messari
Evaristo Bellotti |
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Catálogo
"Reflexiones especulares" |
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Es una suerte tener
a Said Messari entre nosotros. Y que venga a exponer después de
una larga trayectoria y en un momento en el que todo en su hacer parece
a punto de precipitarse . Cómo no lo se. El caso es que Said transmite
algo bueno que viene del futuro al presente de un modo casi imperceptible,
pero que cuando uno acaba cayendo en lo que consiste, causa un cierto
asombro que esté tan cerca. No es ningún misterio. Se trata
del Paraíso. La única condición para que el Paraíso
se abra al hombre es que el hombre lo tome como un presente con
dos significados: primero, un regalo que sólo tiene destinatario.
Segundo, la realización de la vida en un tiempo verbal que es literalmente
nada más que eso: presente. Nada más. El presente no es
ningún misterio. Los misterios pertenecen al tenebroso e incierto
pasado o al futuro que es esencialmente falso. El Paraíso es una
pasta vítrea. El presente la pasta en caliente . De cristal la
obra. Cuando una rosa se abre nos asombra la verdad que nos regala sólo
si no buscamos el principio motor que la genera, si no enfermamos buscando
el autor que no tiene. Si en vez de indagar las normas con las que se
regala abriéndose nos preguntamos "de quién es",
la verdad de la rosa se ve obturada por una creencia que la enajena primero,
y luego la deja sin las herramientas con las que siempre tendrá
que defenderse de los obtusos que hay por todas partes y en todas las
épocas, empeñados en quererla. El Paraíso
no es Jauja, donde todo vale, sino muy al contrario un AQUÍ frágil,
donde el bienestar depende materialmente de la precisión con que
el vidriero maneje esa pasta. Sucede a menudo que el espectador ante la
obra concluye que el arte "no tiene misterios para el vidriero".
Pero no deja de preguntarse "¿Cómo lo hará?"
"Hago" contestaría el vidriero, del mismo modo que el
vivo contestaría "vivo" a una pregunta equivalente o
la rosa "abro". No hay otro Paraíso. Ni otro infierno
que este Paraíso gobernado por el Tiempo. No digo que sea fácil
desarmar las creencias que encienden el infierno en la conciencia. Digo
que en la conciencia el Paraíso innato como el propio lenguaje
está por hacerse a cada paso. Tal como advierte el Templario a
Saladino: "La superstición en que nos hemos criado, por
más que la descubramos, no pierde su poder sobre nosotros.
No son libres todos los que se ríen de sus cadenas". |
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| Sobre
este fondo de Otro y estas cuestiones que más o menos sabríamos
explicar está el mortal, el artista que se presenta en CRUCE. El
pintor que tiene en su haber una interminable hilera de cuadros un momento
antes de estar acabados o acabados pero sin conclusión. ¿Cómo
atar el extremo lírico a la nada, la última transparencia
de la verdad? Si pudiera deshacerse del YO lírico podría adscribirse
a alguna escuela conocida. Si no tuviera el coraje callado, ético,
de no tomar y no alzar la palabra por alguna causa podría ejercitarse
en la expresión, el grito. Opta sin embargo por seguir el aforismo
de Sánchez del Río: "El último pensamiento
al borde de la nada es un destello". Estos destellos en el pintar
de Said Messari aún por dilucidar, en el grabador adquieren tinte,
tintura y emigran a los bordes de las formas geométricas. El encuentro
del papel grabado y tensado sobre bastidores al modo de tambores, primero
en círculos, luego como triángulos y por último haciendo
de marcos encontrados en la calle bastidores únicos. Turbulencias,
remolinos de agua y tierra, oxidados, grafías y manchas. Lo que importa
señalar, no obstante, es el encuentro del papel grabado con esos
armazones vacíos. En la obra que ocupa de un modo estelar el escaparate de CRUCE Homenaje a la trilogía de Saura y Gades hay dos pieles , por así decirlo: la del suelo que se levanta más que como una alfombra como una piel, la piel del suelo, y la piel del tambor de la propia silla en la que se adivinan rasgos muy vagos de mujeres que ¿bailan? ¿Cantan? Se diría que todo lo necesario para fabricar un humano con la medida dada por la silla. Said Messari, sin embargo, no ha podido librarse de la historia. En una memorable instalación en el puerto de Algeciras Canal Estrecho ,homenaje a los desaparecidos* 450 "tapers" (recipientes de plástico para conservar alimentos) llenos la mitad con sal marina de un lado y la otra mitad con objetos encontrados en la arena del otro lado del Estrecho de Gibraltar, se desplegaban sobre el pavimento en una zona concurridísima de paso, en una intemperie geopolítica realmente espeluznante, frente al marco de una puerta mudéjar y junto a una antena parabólica. Esta pupila parabólica miraba a otra situada en el interior del edificio de la Terminal portuaria. Esta segunda parabólica se dirigía allende el mar. Era exactamente "un modo de ver" pero también y en la misma medida un modo de ser visto. Pero en esta exposición la búsqueda de Said Messari se desliza de un modo de ver a un modo de pensar, de pensarlo. Que en la oportunidad de CRUCE comienza a tomar forma. * Está publicada en MODOS DE VER. Centenario de la Conferencia Internacional de Algeciras y de la Junta de Obras del Puerto.Arte de las dos orillas. 7 de abril4 de junio 2006. |