...Camelot de La Mancha con fonética de oriente...
Malika Embarek

Catálogo "Visiones cruzadas"Exposición de Federico Barranco y Said Messari.
Organizado por la Diputación de Toledo y la Escuela de Tradoctores de Toledo, 1998

«Los pintores marroquíes nos invitan a un viaje
hacia el interior de nosotros mismos»
Edmond Amrán El Maleh

Tetuán, Bab Essaida —la puerta afortunada—, año de 1956, año de la independencia de Marruecos y del nacimiento de Said Messari, en ese barrio morisco y recatado con una de las puertas más bellas de la muralla que rodea la ciudad vieja.
Madrid, La Guindalera, otoño de 1998, taller Trocatinte, con aroma a
aguarrás y barniz; y voces de chiquillos que juegan en la calle. Han pasado muchos años desde que Said —el afortunado— asistía a la Escuela Nacional de Bellas Artes de Tetuán, fundada durante el protectorado español por Mariano Bertuchi, cantera de muchos pintores del norte de Marruecos. Largo trayecto de esfuerzos y logros, en soledad y en compañía; itinerario puntuado por esa calidad, generosidad, ánimo solidario y paciente, para hacer amigos, para manejar paleta y tórculo, mezclar pigmentos y crear, con sencillos materiales y con originalidad y fuerza, grabados, pinturas, portadas de libros, carteles, acrobacias informáticas.
Pero si queréis encontrar a Said, habréis de buscarlo en su país imaginario, donde no existe la prisa, ni la competitividad, ni la ambición, ni el artificio, su Camelot de La Mancha con fonética de oriente. Si queréis encontrar a Said, preguntad por Pelahustán. Si queréis conocer al artista leed en su obra.

Hoy quiero leeros la pintura de Said Messari.
Cuando te has acostumbrado a leer las palabras que van formando frases y silencios, que van formando textos que hablan de otros textos, y ese código de escritura lo llevas tan dentro que ya no se te resisten sus misterios, porque te conmueven, porque ya son tuyos, resulta difícil leer la pintura. ¿Se puede narrar la pintura?
Respetuosamente esperaré a que sus cuadros me llamen. Esperaré pacientemente —y con mirada virgen— a que esos trazos vivos, sombras y transparencias, lianas y arañazos de color, me busquen, como me busca y me encuentra la poesía. Y, de pronto, siento ese mismo zarpazo del
verso que me habla y son amarillos de arena, de tierra y de sol, y se agitan como olas de mar enfurecido. Y son amarillos de paja seca, de tierra de grietas, y se estancan y sosiegan como la hierba cortada. Y son formas redondas, pequeñas y tímidas que sólo irrumpen despacito, o enormes rocas inertes/úteros fecundos que me provocan por su volumen, me interrogan e intrigan. Y no sé qué son pero están y me llaman. Me hablan a mí y ya no estoy sola. El blanco se ha vuelto luz y las líneas movimiento. ¿Y el negro? También hay negro. Pero sólo es un juego:
apostar por la oscuridad y hacer trampa para que gane la luz. Colores, texturas y formas que me hablan de espacios abiertos conquistados. Y son derroche de otoño en marrones heridos de frío azul. ¿Se puede oír el color? Y es música alegre y es un viaje hacia el interior de nosotros mismos y ya no estamos solos. Estamos en Pelahustán.

Madrid, otoño de 1998